Sábado, 21 de Abril de 2018
La salud debe ser la máxima prioridad de los urbanistas, según la OMS

Las ciudades albergan actualmente a más de la mitad de la población mundial, una proporción que puede aumentar hasta dos tercios en 2050.

Vivimos en las ciudades para estar más cerca del empleo, las oportunidades de formación y de los servicios, y porque son lugares estupendos para la interacción social y el acceso a actividades culturales.

Cuando las ciudades se construyen mediante unos buenos principios de planificación, también pueden ser comunidades que promuevan la salud y el bienestar. Piense en las ciudades o en los barrios en los que le ha gustado especialmente vivir o que le ha resultado agradable visitar, y en cómo se sentía en ellos, en el aspecto que tenían o incluso en su olor.


Es muy probable que esas ciudades estuvieran llenas de gente y de vida; que tuvieran aceras amplias y carriles para bicicletas que se desplazaban fácilmente y con seguridad; que dispusieran de un sistema accesible de transporte público y que estuvieran llenas de parques y espacios verdes donde la gente de todas las edades hacía ejercicio.

Por desgracia, hoy en día hay ciudades en rápido crecimiento atestadas de tráfico pesado, rascacielos anónimos y barrios pobres y superpoblados, donde prolifera el ruido, la violencia y la alienación social. Todo ello afecta negativamente a nuestra salud física y psíquica y a nuestro bienestar.

Uno de los mejores indicadores globales de la salubridad de una ciudad es la calidad del aire. Eso es así porque los niveles de contaminación del aire suelen ser bajos en las ciudades bien planificadas que cuentan con buenos sistemas de transporte, calles transitables por peatones y amplios espacios verdes que purifican el aire. En cambio, se disparan en las zonas urbanas que priorizan el transporte rodado por encima de los peatones y los ciclistas y que crecen descontroladamente a base de sucesiones ininterrumpidas de grandes bloques grises de hormigón y asfalto.

Más del 80% de las ciudades del mundo superan los límites de calidad del aire establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y más de la mitad de las ciudades que miden esta contaminación notifican niveles de calidad 3,5 veces superiores a dichos límites, o incluso más elevados.

La contaminación del aire mata de forma insidiosa. Cada año, tres millones de personas fallecen prematuramente debido a la contaminación del aire exterior, que es más intensa en las grandes ciudades de Asia, África y América Latina. Las causas de la mayoría de estas defunciones son el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular, las enfermedades respiratorias y los distintos tipos de cáncer de pulmón. Estas enfermedades son algunas de las que causan más defunciones en la actualidad.

Las diminutas e invisibles partículas tóxicas de la contaminación penetran muy adentro en los pulmones y el torrente circulatorio, se acumulan en el organismo y pueden causar cáncer y enfermedades cardiovasculares.

La OMS ha estimado que la contaminación del aire causa una de cada tres defunciones por accidente cerebrovascular, enfermedades respiratorias crónicas y los distintos tipos de cáncer de pulmón, así como una de cada cuatro defunciones por infarto de miocardio. La concentración de ozono a nivel del suelo, que es producto de la interacción de muchos contaminantes distintos con la luz solar, causa también enfermedades respiratorias crónicas y asma. Además, la propia luz solar puede ocasionar asma y enfermedades respiratorias crónicas.

La contaminación del aire es una de las principales amenazas a las que nos enfrentamos en la actualidad. Las máximas prioridades de la planificación urbana deben ser la salud y el bienestar. Si no actuamos ahora, la contaminación del aire ahogará nuestras ciudades y las convertirá en lugares donde será imposible vivir.

Debido a que la mayoría de las fuentes de contaminación del aire ambiente están fuera del control de las personas, debemos exigir a nuestros alcaldes y dirigentes locales que promuevan cambios y se comprometan decididamente a atajar este problema.

"Los gobiernos locales y nacionales deben introducir políticas y realizar inversiones que respalden un transporte más limpio, viviendas eficientes, energía renovable, industria limpia y una mejor gestión de residuos municipales".

Dra. Maria Neira, Directora de la OMS para el Departamento de Salud Pública, Medio Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud

Las administraciones nacionales y locales deben aplicar políticas y realizar inversiones que promuevan el transporte no contaminante, la eficiencia energética en las viviendas, la generación de energía y una mejor gestión de los desechos municipales e industriales.

Pero también podemos promover cambios a nivel individual y en las comunidades. Por ejemplo, podemos ir a trabajar en transporte público o en bicicleta, si el tránsito es seguro; reciclar los desechos y compostar, y ahorrar agua y energía en casa y en la oficina. Hay iniciativas interesantes como el «pedibús», es decir, grupos de niños que van a pie al colegio acompañados de adultos para protegerlos del tránsito, o los huertos urbanos, que proporcionan alimentos saludables y la ocasión de realizar una actividad física e interactuar con otras personas.

Muchas de estas medidas de mejora de la higiene del ambiente también nos ayudan a realizar más actividad física y llevar una alimentación más saludable, lo cual reduce la obesidad y enfermedades como la diabetes y las cardiopatías.

Sabemos que cuando las ciudades toman medidas para reducir la contaminación del aire, consiguen progresos notables. Más de la mitad de las ciudades que controlan los niveles de contaminación del aire en los países de ingresos altos lograron reducciones del 5% entre 2008 y 2013.

Sin embargo, debemos actuar con mayor rapidez y urgencia, sobre todo en los países de ingresos medianos y bajos, donde no se han logrado avances tan claros y donde la calidad del aire está empeorando.

Necesitamos asegurarnos de que las personas saben cuáles son los niveles de contaminación del aire en su ciudad y de que son conscientes de sus efectos letales, porque es la forma más eficaz de que decidan actuar.

La OMS ha aunado sus fuerzas con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Coalición Clima y Aire Limpio en la campaña «BreatheLife», a fin de que los ciudadanos tengan acceso a esta información y de que las ciudades se movilicen para trabajar conjuntamente y conseguir, de aquí a 2030, que los niveles de calidad del aire sean seguros. Casi 40 ciudades, entre ellas Londres, Oslo, Santiago de Chile, Seúl, Singapur y San Antonio, se han unido a esta campaña, cuya red se está expandiendo continuamente.

En octubre del presente año, la OMS albergará en Ginebra la primera conferencia mundial sobre la contaminación del aire y la salud, a la que asistirán ministros, alcaldes, profesionales sanitarios, profesores universitarios, activistas e investigadores para intercambiar conocimientos y promover medidas para reducir la contaminación del aire y mejorar la salud a nivel mundial.

Necesitamos trabajar juntos para que nuestras ciudades sean lugares donde podamos llevar una vida más feliz y saludable.